miércoles, 20 de enero de 2010

Oh París...


Quien lo diría, ni yo mismo lo hubiera imaginado. Regresar a Europa si, pero tan pronto, no. Ahora le tocó el turno a París, ciudad maravillosa (sin quitarle su crédito a Rio de Janeiro). A pesar de ser muy cara, las cosas que me traje no me costaron nada: vistas hermosas, cielos invernales, nubes volando a gran velocidad, desfiles de moda a nivel de calle, diversidad cultural y racial, arquitectura increíble, el graznido de un cuervo, atrapar un copo de nieve con la lengua... Ahora no regreso triste a la Ciudad de México, regreso contento, cansado eso si, pero feliz de continuar ampliando mis horizontes y con la firme convicción de seguir alimentando el espíritu viajero.